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Todos
hablamos con la mirada,
reflejo
del sentimiento abrigado;
desconfió
de los ojos que nada,
me
reflejan cuando contemplo.
Aunque al
tiempo de observarlos:
fijos,
inmóvil, buscando el diálogo;
comienzan
incontenibles y sinceros
a mostrar
el verdadero sentimiento.
Disfrazar
se puede las palabras,
no la
mirada que refleja el alma;
recuerdo
cuando mis ojos carencias mostraban,
hasta que
Jesús cambió mi lámpara.
Los ojos
con los que todo contemplo,
reflejan
lo de dentro.
Mirar
fijos los ojos del Maestro,
quizás,
no me atrevo... |
Postrado, intentando ser polvo,
admirado a lo sublime, lo bello...
Recordaría entonces su sacrificio,
y por causa de Él mismo, lo miraría fijo.
Intentando se reflejen,
un poco al menos,
los ojos que me ven,
con esperanza que sus labios;
tibia sonrisa me muestren,
y no sea condenado...
cuando el Maestro me mire...
Doy gracias por la salvación...
Javier R. Cinacchi |