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Critico a
la crítica duramente,
no a la
literaria que me conviene;
a la que
se levanta como sombra,
y arroja
la piedra que duele.
A esta
crítica, critico duramente,
que a los
niños y bebes daña,
y en un
descuido hasta al mas valiente,
le crea
una raíz que le amarga.
Ocurre que
generalmente,
critican
al que colabora,
trabajando
desinteresadamente.
¡En vez de
ayudar!
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No hablo del callar los errores,
hay que
corregirlos con amor;
un sabio
ama a sus correctores,
y amor no
es clavar gritando
un puñal;
o saetas lanzar,
para que
desciendan como lluvia,
en los que
debajo de estas están;
por si
acaso, por las dudas...
Los
desacuerdos hay que hablarlos,
no
gritarlos, no esconderlos, ni sepultarlos;
entre
amigos, entre hermanos…
¡Y saber
que se puede estar equivocado! Javier R. Cinacchi |