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Trémula
se volvió la roca,
en espera
de pronunciar un grito.
Las aves
de musicales notas,
se
cobijaron y silenciaron.
En la
atmósfera la presencia,
en el
alma la certeza,
todos
sabiendo y todos callando.
Callando
la pregunta, de si será el final.
El
verdadero cristiano en ausencia;
del
mundo, el incienso agotado,
solo
lámparas que no iluminan,
entre
ciegos por orgullo, quedaron.
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Fatídico
de las gentes el dialogo,
cuando el
corazón con Cristo ausentado,
se llenó
odiando el vacío,
de todos
los vicios fácilmente hallados.
Las rocas
comenzaron entonces a gritar,
y lo mas
alejado del cielo en lloro,
la
humanidad, bajo tierra se fue a refugiar…
“¡Arrepiéntete de tu maldad!” dijeron.
En gritos
y en susurros,
con
terremotos mas rumores de guerras,
una
trompeta se escuchó de lejos,
y comenzó
la ultima gran cosecha…
Javier R. Cinacchi |