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Una piedra blanca que se
volvió negra,
por haber estudiado lo que
creyó blanco,
que en realidad no era sino
oscuro;
pedía constante a Dios,
hallar sabiduría…
Y Dios no la abandonó, fue su
guía.
Pero la pobre piedra no sabía
al principio,
el camino, y lo buscó en
cuanta senda veía.
Un día, por misericordia,
Dios para ella fue claro.
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¡Y al instante, esta piedra,
había hallado el buen camino!
Aquel verdadero, que fue
enseñado por Jesucristo.
Abandonó su vieja vida por lo
realmente bueno.
Hasta incluso dejó de ser una
piedra, por amor.
Conservando de esto memoria,
cada día ahora le pide a
Dios,
le libre de cometer error,
y de no apartarse de la buena
senda. Javier R. Cinacchi |