|
Un día
murmuré en mi corazón
una
petición que tan solo
a murmurar
me atreví
en mi
silencio.
Y fue
extraña esa petición.
Sabia que
Dios
me la
concedería por amor
aun sin
elevar mi voz.
Hubo otro
día que grité
y por las
dudas también
casi en
silencio murmuré
mi ruego
una y otra vez.
|
Pero en la
duda me parecía
inalcanzable la meta mía,
aunque
obviamente,
en Dios
confío plenamente.
No insistí
más de lo que me parecía
lo
correcto ante Dios que sé, escucha.
Creo que
por su amor me contestó,
y también
silencio Él guardó.
Javier R. Cinacchi |