Poesía:

Historia de un mundo nuevo

Por: Javier R. Cinacchi
"Poesias de la vida, libro 2"
Sexta edición


Se escuchó el grito ¡justicia!
en la voz de los creyentes de Dios.
Se escuchó el grito ¡justicia!
en los ateos creyentes en ellos.
Se escuchó el grito ¡justicia!
en todos, en los cuales llegó,
a tocarlos la era de los juicios.

Los abogados se llenaron de riquezas,
murieron los comercios y empresas,
luego a ellos le saquearon por la fuerza.
Pobres en las calles, más enfermedades nuevas,
el sistema agonizante, por el virus de la maldad,
errores que vienen y van, para propia conveniencia.

De repente, siendo todo odio y desconfianza,
locura, miedo y sin fin de amenazas,
cuando parecía que el amor ya no estaba,
comenzó a reinar la profunda amargura.
Tanta ira guardada la gente poseía,
que una frase estallaba ira contra ira.

Algunos quedaron. Dijeron juntos a única rima:
“Del día a la noche, todos locos parecían,
como duras armas sus voces alzaban,
de forma extraña solo se ocupaban,
de pelearse con incierta trémula locura,
con leyes y abogados que mediaban,
por avaras riquezas, oportunistas y vanas.
¡El mundo se deshizo, mientras entre si luchaba!”

Muy pocos de esta oscuridad sobrevivieron.
Algunos tranquilos, los del nuevo mundo;
felices, inteligentes, soñadores, poco ambiciosos,
humildes, sabios y muy precavidos.
De la falsa justicia en la locura, así nació,
un mundo de paz, sin oportunistas ni abogados.

(Mientras tanto duró el recuerdo,
hasta que volvieron y analizando en secreto,
encontraron en nuevas leyes, nuevo fatal error...)