Poesía:

Algunos pobres trabajadores argentinos, en invierno.

Por: Javier R. Cinacchi
"Poesias de la vida, libro 2"
Sexta edición


Invierno no es la estación preferida,
de los honestos y pobres en Argentina.
El frío y humedad enferman,
acometiendo a la familia.

Sinfonía desarmonizada de tos,
es percibida al transitar por la ciudad,
las calles de Buenos Aires son,
empañadas por melancólico rocío.

Las veredas se vuelven solitarias,
aunque la vida se escucha al pasar,
cerca de los que se cobijan en su hogar,
cuando el invierno golpea en furia.

Tiritantes parecen los cuerpos del cielo,
en noches y madrugadas claras,
donde los perros casi no ladran,
donde todo lo envuelve el silencio.

Por las mañanas recuerdo,
el lugar de trabajo. A veces es el caso,
de fabricas viejas al viento descubiertas,
vidrios rotos, el mate y la radio.

Generalmente los ojos que observas,
se ven vivos, brillantes, casi con una lágrima,
mientras se siente pequeña melancolía al estar,
en donde el frío te enrojece la faz pálida.

Y al caminar en aquellas mañanas,
invernales por excelencia,
el invierno a la piel se clava,
mientras se apura el andar.

Invierno que volverá,
cada año a mostrar su poema,
cotidiano en las vidas,
de los pobres en especial.

Si hay algo que a los argentinos
nos ayuda a pasar el invierno,
es el calor que poseemos,
en nuestro palpitante pecho.

Algunos pobres trabajadores
en el duro invierno,
sufren del frío, la escasez,
y lo peor: del amor el olvido.

Un te caliente,
el arreglo de una ventana rota,
un poquito más por cada hora,
ni siquiera, a veces, la ropa…