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Felicidad de
religioso y poeta
Un filósofo
con simples ropas recorre,
descalzo una
playa disfrutando la arena,
respirando
profundo el aire puro,
a su
alrededor mira y contempla.
Sin
preocupaciones que lo agobien,
teniendo
consciencia de la hermosura
que a su
derredor se le impone,
disfrutando
la hallada felicidad.
Un religioso
en su iglesia,
vive
convertirse vidas,
eleva sus
manos y adora,
mientras con
pasión contempla,
como al
amado Dios buscan.
Un niño
alejado de las drogas,
con ojos
cerrados da gracias,
al Señor,
junto con su familia.
Agradecido
ora el pastor,
porque ha
hallado la felicidad.
Un enamorado
ha besado,
por
millonésima vez a su amada,
la admira en
palabras o en silencio,
es su vida y
la besa, porque la ama.
Quiere el
momento sea eterno,
es feliz al
estar con ella.
Felicidad.
Algunos la
han hallado,
otros
sienten que algo les falta.
Un
adolescente preguntar osó,
a un poeta,
un filosofo, un mecánico,
un
enamorado, un viajero y una escritora,
que dijeron
la habían encontrado:
“Por favor
dime ¿donde está?”
Respuestas
diversas recibió.
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Ahora te hablo de ella,
escribiendo en estos versos:
Soy cristiano y enamorado poeta,
y digo: “la felicidad, he hallado”.
Sé, quizás influyan mis palabras,
¿Y, que es lo que digo?
Según mí forma de ver y pensar,
la felicidad está en lo bueno,
en descubrir lo puro que gusta,
la gracia o don que hay en uno,
en contemplar la belleza,
de la vida en lo cotidiano,
está en lo que es verdadero,
en usar los talentos adquiridos,
sintiendo pleno el pecho.
Igualmente creo,
es tan grande la felicidad,
que muchas veces no la vemos,
y solo alcanzamos porción de ella.
No puedo decir, aquí o allí se encuentra,
no es algo que este aquí o allá,
alguien la ve en cosas pequeñas,
otro en las inmensas.
Soy feliz,
aunque a veces me lamento.
Por mas que felicidad tenga,
completa no es, mientras
todos no la posean.
Entonces navego en mi poesía,
y oro por ti o por mi, si está la pena.
¡Soy religioso y soy poeta¡
Esa extraña, es la dicha mía,
mi felicidad bella.
No se que seria
del religioso poeta,
si a Dios no tendría
o los versos no nacieran.
Creo solo poseería,
la melancolía.
Javier R. Cinacchi |