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Dulce sirena
Carga grande se vuelve contigo
lo que Dios me ha dado,
corazón de poeta apasionado.
Siendo tú sirena, me atraes
enamorado.
Tu encanto es tu ausencia y
ternura,
tus ojos oscuros, el universo
en que miro;
tus cabellos negros, deseos de
mis manos;
tu pecho el amor mío.
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El tiempo
avanza y te escribo,
con lo que
queda de mi corazón perdido;
la poesía
aflora del alma mía,
y allí apareces
nuevamente,
dulce sirena.
Te contemplo
como la mar serena,
en calma, fija
te observo;
lástima que
siempre vienes y te marchas,
como neblina ¡y
aún te quiero¡
Javier R. Cinacchi |