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El empleado
que conozco,
trabaja de
ocho a doce horas
por el hogar
y sus hijos;
y cuando el
sueldo cobra...
el dinero no
le alcanza.
Y si debe
comprar un remedio,
muchas veces
se adeuda...
El empleado
que conozco,
ha ahogado
sueños, y una esperanza,
por algo un
poco más seguro,
hablando de
lo laboral.
Y cuando
miro su habilidad,
veo al
trabajador argentino,
que mucho ha
aprendido,
no solo su
profesión.
Porqué el
dinero no alcanza,
y no se
puede hacer solo una cosa. |
“¿Qué harías
si el trabajo falta?
No alcanza
para ahorrar.
Un trabajito
aquí, otro allá
¿Qué otra
queda?”
El empleado
que conozco,
el bueno, el
trabajador, el luchador,
el que cada
día cumple con su horario,
a él, un
reconocimiento...
Se merece
una sonrisa, un bienestar.
Un incentivo
económico,
de
aquellos que se lo pueden dar.
Javier R. Cinacchi
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