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Mirase un
instante
en un
encuentro casual,
un hombre a
una mujer,
en el cruzar
de sus vidas.
Un fugaz
momento
la
contemplación duró,
en silencio
de bellos ojos,
húmedos, de
iris negros.
Por las
miradas se acercaron,
se
entrecruzaron las manos,
se besaron
atrayentes labios,
y
compartieron: silencios.
La imagen
quedó grabada
en el alma
del muchacho,
quien deseo
estar con la bella,
no durando
solo un encuentro.
…Y no la
volvió a ver,
pese a la
búsqueda desesperada,
intentando,
se fueron marchando
momentos,
noches y días.
Luego
embargó el misterio a su alma,
con mil
preguntas de la mujer,
mientras
parecía tener imborrable pena,
como
compañía incansable...
La pregunta
constante:
¿Extraña
amada que me has besado
me amarás
alguna vez?
¿Porque al
mismo lugar no vuelves?
Pasados
meses, sin poder olvidarle,
sin
comprender ese lazo que los unió,
pues parte
de su corazón parecía desgarrarle...
quiso
expresar en voz alta su lamento. |
Iba a abrir
su reseca boca,
y se detuvo
a pensar en las palabras,
queriendo
estas sean música,
expresando
la pena que sentía.
Aguardó a
una bella noche serena.
Por sobre
él, infinito y estrellas,
en él,
ausencia y permanencia.
Comenzó a
recitar versos con rima.
Viento calmo
lo acompaña
en susurros
que parecían entenderle.
El muchacho
expresa,
nacido
poema, de su querer.
Se sintió
bien y se dio cuenta
que en el
mundo había nacido
un nuevo
poeta. Sus letras...
aun perduran
en los libros.
En su primer
poema hablaba
de aquella
mujer que la amó por besarla,
y de noventa
sueños que no pudieron ser,
como así
tampoco el olvidarla.
Ella... dos
veces se preguntó,
que hubiera
sido si hubiera
vuelto por
la misma senda,
en la
cual a un desconocido besó.Javier R. Cinacchi
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