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Historia de rosas
I
Satisfecho, repleto de la alegría,
deja escapar de sus labios,
Martín Ignacio, tenues sonrisas.
Mientras la tarde gris moría,
al tiempo que se aleja la amiga,
que le enseñó a ver en la vida rosas,
que le devolvieron su perdida dicha.
Ya sólo en su cuarto,
cae cansado en el lecho,
que lo acompañará,
por un inolvidable sueño.
Afuera resuena una leve llovizna,
en el silencio de oscuro,
viernes, de frío otoño.
Sueña el durmiente, sueña,
cobijado entre tibias mantas;
en medio de fantasías,
que nacen de su inquieta alma.
Despertando en su sueño,
con ojos de mojado universo, contempla,
su reflejo en cristalino lago;
observando a su lado,
la belleza que se refleja,
en las perfectas formas de un cuerpo
de deslumbrante mujer, llena de rosas.
- ¿Mujer, porque tantas rosas?
- Son las alegrías
con las que me visto,
todas recogidas,
de lo que he vivido,
tomándolas con fuerza,
con ellas me cubro.
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-¿Recoges alegrías de la dura vida?
- Sí, son bellas sonrisas,
en los labios de una amiga,
el ver volar mariposas,
y tomar del tiempo una miga,
para contemplar hermosas,
figuras que se pintan;
en la vida que se derrama en el mundo,
bajo el sol, las nubes y los astros,
sembrando hermosas flores que junto,
haciéndome con ellas el fino manto,
que me guarda de la pena y el llanto,
mientras con mis delicados pies camino,
por las senda de la vida que recorro.
Dialogaba Martín Ignacio con la mujer,
hermosa, vestida con manto de flores,
antes que se encuentre,
con ojos brillosos de manchada media luna,
en bosque de vivos colores,
habiendo a lo lejos pequeña laguna,
y en una rama, dos gorriones.Javier R. Cinacchi
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