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Historia de
rosas
III
Contemplando una flor en el suelo,
perfecta y hermosa rosa,
quiso salir del tremendo sueño.
He aquí que con una lágrima,
dejó a su anhelo.
Para vivir en el concreto mundo,
en el cual ilusiones rotas,
había dejado navegando,
en un estancado tiempo.
Tiempo en que quiso poseer rosas,
sin esfuerzos ni travieso llanto,
que empañan los tristes ojos,
al ver quebrada una vez la victoria.
Al no atraparla con las manos,
al tener que hacer otros intentos,
para vivir las metas alcanzadas,
que lleva en el pecho.
No se dio por vencido,
ni se dejó ahogar entre besos,
en engañosos espejismos,
que querían ser sustitutos,
sin luchas ni esfuerzos,
en abstracto mundo de sueños.
Tomó aquella flor en su mano
que había visto en el suelo,
encerrándola en su puño
se la acercó a su pecho;
al tiempo que levantaba sus ojos,
para observar con asombro
otro anhelo a lo lejos…
lo hizo presa del escalofrío.
Ver todo lo que deseaba,
al otro lado de obscura línea,
observada, al acercarse a un claro,
donde se hallaba todo lo que amaba,
y en ese momento no poseía.
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Una marchita flor en el pecho,
deseosa mirada ardiente en los ojos,
una obscura línea en el suelo,
y el sentir profundo de la muerte.
Si avanzaba siquiera un paso,
para acercarse a todo lo que quiere,
en el concreto pequeño mundo,
en el cual, en tal momento duerme.
Sueña el durmiente, sueña
cobijado entre tibias mantas;
en medio de fantasías,
que nacen de su inquieta alma.
Quedando inmóvil en la escena,
luego de ver todo aquello,
reaccionando corre aterrorizado.
Atravesando una tupida arboleda
cae en el río de aguas turbulentas.
Despertando sobresaltado en el lecho.
En florero, marchitas rosas
que nunca envió,
a su bella amiga
la dueña de su corazón,
con quien está
su vida y amor.
Corrió a besarla con una lágrima,
y en la mano una nueva rosa,
la rosa mas hermosa,
que la hermosa amiga y con sonrisa,
aceptó. Un olvidado sueño,
por causa de otro suelo se volvió real.
Javier R. Cinacchi
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