Poesía:

Historia de rosas, parte III

Por: Javier R. Cinacchi
"Poesias de la vida, libro 1"
Quinta edición

Contemplando una flor en el suelo,
se volvió perfecta y hermosa rosa,
quiso salir del tremendo sueño.
Con un suspiro dejó a su anhelo,
para vivir en el mundo,
de las ilusiones rotas.
Desilusiones y pesares internos.

Tiempo atrás quiso rosas,
sin esfuerzos ni el travieso llanto,
que empañan los tristes ojos,
al ver muros para las victorias.
Al tener que hacer otros intentos,
para vivir alcanzables metas.
Había sido vencido por el temor.

Pero al verse muriendo
no se dio por vencido,
ni se dejó ahogar entre besos,
de engañosos espejismos,
que querían ser sustitutos,
sin luchas ni esfuerzos.
Falsos sueños.

Tomó aquella flor en su mano
que había visto en el suelo,
encerrándola en su puño
se la acercó a su pecho;
al tiempo que levanta los ojos,
observa con asombro,
otro anhelo a lo lejos…
Lo invade el escalofrío.

Ver todo lo que deseaba,
al otro lado de obscura línea,
que divide la tierra en dos.
Mira que del otro lado, en un claro,
se hallaba todo lo que le gustaba,
y en ese momento no poseía.

Una marchitada flor en el pecho,
deseos, y una obscura línea en el suelo,
con el sentir profundo de la muerte,
si avanza siquiera otro paso,
para acercarse a todo lo que quiere,
en el concreto pequeño mundo,
en el cual, en tal momento duerme.

Sueña el durmiente, sueña,
cobijado entre tibias mantas;
en medio de fantasías,
que nacen por su alma.
Hay cosas desconocidas,
aún delante de la cara,
aún en el aire que respiras...

Quedando inmóvil en la escena,
luego de ver todo aquello,
reaccionando corre aterrorizado.
Atravesando una tupida arboleda
cae en el río de aguas turbulentas,
vuelve a sentir pinchazos en el cuerpo,
despierta sobresaltado en su lecho.

En florero escondido,
marchitas rosas
que nunca envió
a su bella amiga,
dueña del corazón,
con quien está
su vida y amor.

Corrió a buscarla con una lágrima,
y en la mano nueve nuevas rosas,
las más hermosas de todas,
que la hermosa amiga y con sonrisa,
aceptó. El sueño a un poeta se lo contó,
su vida, y lo que hizo al despertar.
Escapó del frío y silencioso fuego.