Poesía:

Historia de rosas, parte II

Por: Javier R. Cinacchi
"Poesias de la vida, libro 1"
Quinta edición

Cantaban admirables los gorriones,
hasta que Martín Ignacio se acercó,
sobresaltados vuelan velozmente,
dejándolo envuelto en opaco silencio,
haciendo más espesa la noche,
en extraño colorido bosque
que lo estaba buscando.

Caminó sin rumbo pero con rumbo,
en angosto camino que encontró,
observando la hermosura del lugar.
Su percibido incierto paso detuvo,
en torrente de agitadas aguas,
que formaban un creciente río,
que no intentó atravesar.

Detenido allí, el camino se desvanecía
en verde muro. Quiso del sueño despertar,
no pudo, en otro mundo se encontraba.
Sin quererlo, al final, comenzó a nadar,
sintiendo el frío de helada agua,
que como miles de alfileres comenzaba,
a su cuerpo tembloroso a dañar.

Le costó atravesar, el río embravecido
de aguas turbulentas, al cual venció.
Pensaba cómo despertar del sueño,
cuando mirando a lo lejos, de repente;
vio a la mujer que siempre su cuerpo,
entre fogosos besos y abrazos,
quiso tener ardientemente.

De la luna su tiempo,
llena en silencio.
Ella se acercó hasta él,
él sintió en sus labios
los roses que le quitó,
el frío de todo su cuerpo.
Bajo las estrellas la amó.

Abrazándola con todas sus fuerzas,
por causa del enloquecido corazón;
tuvo el sentir de vivir una realidad plena,
que convenció a la atontada razón.
Pero todos conocemos en el alma,
cuando algo no es el final del destino.

Aún con los besos en sus labios,
Aún rodeado por las sombras,
en su recuerdo vio las rosas,
que a su amada amiga nunca envió;
y a la misteriosa mujer hermosa,
vestida con el fino manto de bellezas.

En el suelo encontró,
una triste flor y se dolió.
Era única y la contempló
mientras dejó de sentir
los besos que creyó bálsamo,
pero lo estaban haciendo morir,
al verdadero amor y vivir.