Poesía:

En una noche

Por: Javier R. Cinacchi
"Poesias de la vida, libro 1"
Quinta edición

Era aquella una noche tan fría,
que las estrellas de manto gris se cubrían.
Parecía que mi lastimado corazón no latía.
Heridas de enojo y cortaduras heladas dañan.

Sentado, en inmensa y solitaria plaza,
un gato de brilloso negro se acerca.
¿Acaso la vida es simple espera,
de la muerte que orgullosa llega?
Sí... Tonteras pensaba,
al tiempo que el gato me mira.

Mi perdida mirada con la de él se cruzó;
extendí mi mano, su pelo, electrizado;
no sé por qué me dio un escalofrió;
tal vez porque era mi único amigo.

El cielo iluminase un segundo y el trueno se escuchó;
casi sin tocar el suelo, el gato se marcha.
Vi a blanca paloma descender del oscuro cielo,
petrificado yo, ella se acerca,
se posó sobre mi hombro,
sentí el frió alejarse cuando me mira.

En sus pequeños ojos me pareció ver los míos,
sus alas extendió, en la penumbra resplandecían.
Detrás de ella, grises, oscuros, y relámpagos;
a lo lejos se escuchó el llanto de una niña.
La paloma me decía algo con sus ojos.

Fue entonces que a una cansada voz escuché:
-"¿Qué es lo que te deprime otra noche?"
Pareció el corazón en mi pecho ahogarse,
con voz ganada por la angustia contesté:
-"¿Acaso no escuchas el hablar de la gente?
se observa que el verdadero amor se muere.

Oí un grito, la paloma se transformó en claveles,
su aroma intenso olía a la naturaleza fresca.
“¿Quién me habló? ¿y la paloma? ¿y estos claveles?”
Me alejé por oscuras calles en la noche de mi alma,
una humilde niña encontré, en un rincón asustada.

-"¿Cuál es tu nombre hermosa niña?"
-"Mi nombre es Amor, mi apellido Ilusión".
-"¿Por qué estas aquí en esta noche extraña,
no has visto lo que en este mundo pasa?
El amor casi no existe, le dan muerte,
el desamor persigue y vence".

Un gato negro se le abalanzó de repente.
En mi cama me encontré, me incorporé.
Iba a escribir del dolido amor cuando miré
arriba de una silla aromáticos claveles.

Al escuchar llanto de niña, con preocupada cara,
voy a la ventana. Una admirable paloma blanca,
y en la esquina, una pareja se besaba.
Sí, solo había vivido un sueño de mi cabeza loca.
Amaneció al fin… la oportunidad de nuevo día.

Y esa noche fue muy silenciosa.
Era aquella una noche tan fría,
que las estrellas de negro manto se cubrían;
y a lo lejos extraña paloma se veía.