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Cuando una
lagrima va formando,
un pequeño
surco de río,
que brota de
la ventana del alma,
para caer
por desgracia con desaliento,
en vacío a
la dura o blanda tierra.
Sí, cuando
el surco no es borrado,
por una mano
amiga que intenta,
aliviar la
herida visible y solo se está,
con el
sentimiento amargo
de una pena
o esperanza rota.
Solo queda
que rota no sea,
las ganas de
continuar hacia adelante,
porque la
sonrisa también existe,
y con sus
caricias vendrá a auxiliar.
¡No todo es
el llanto o la risa!
Hay muchas
cosas que pueden suceder,
en la vida
de los millares de millares,
que la
afectan a cada instante;
la esperanza
amiga nunca te abandone,
y si una se
rompe, ¡que otra se forme!
En
movimiento, avanzando;
disfrutando
de lo bueno;
pensando
como mejorar;
siendo
victorioso aunque sea intentando;
hasta, en
calma… alcanzar.
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Aunque estén
las lagrimas,
y el mundo
se halla vuelto hostil;
aunque la
llaga esté en el peor lugar,
y todo se
halla ido, menos la miseria;
aunque
exista un dolor
que no se
pueda cambiar.
Con trabajo
se puede volver a reír.
Continuar en
victoria,
o
simplemente sentirse bien;
al menos ten
la esperanza de que así sea,
cuando no
esté la mano amiga,
cuando en
vacío las lagrimas caigan.
La rosa sus
capullos,
mostrará
alegre y el sol cálido,
con sus
tibias caricias acompañará.
Por mas que
estén en olvido,
por no
mirarlas mas.
¡Sentirlas!
aun continúan,
las caricias
de la vida.
Permite que
el bien vuelva.
Javier R. Cinacchi
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