|
Hubo un día, una frágil niña
que notó
lo bella que era una flor,
sencilla sonrió.
Un poco se vio reflejada en
ella,
la amó porque pensó era su
hermana.
(Su madre era la mas bella
rosada rosa.)
El practico padre quiso fuera
abogada,
de ninguna manera, frágil niña.
Era ella indudablemente
inteligente, obligada,
terminó todos sus estudios en
abogacía.
Un día no pudo resistirse al
hombre,
que una bella y exótica flor le
regaló,
se casó con él porque le
resultó distinto.
La joven no desea joyas, ya que
ha descubierto la belleza,
de las vivas flores y no la de
duras y muertas piedras.
Habla más con su amiga la
florista, que con sus colegas,
hablan de las cosas que les
apasionan.
Un día, redescubrió ya de
adulta el misterio de su vida,
que de cierta forma, siempre lo
miraba como en lejanía.
Le prestó atención realmente a
lo que amaba.
La mujer y madre actual,
redescubrió que en su vida,
era feliz entre las flores, su
real pasión.
Se rodeó de éstas y en su
esperanza, por muchos locura,
abandonó su trabajo de abogada
y se hizo florista.
Su marido, rápido la
comprendió, pícaro ya la conocía,
sabia que ella era una bella
flor.
(Su amiga la alegre y sabia
florista, no se sorprendió.)
En
realidad, todos somos flores, de cierta forma...Javier R. Cinacchi |