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Dios me libre, el único que
puede,
del minuto trágico, de la
decisión fallida;
cuando hay que decidir lo
correcto,
cuando los sueños de ello
dependen.
Dios me libre, el único que
puede,
de perder la esperanza, si la
senda muere.
Lo que vemos, solo es lo que
vemos,
el futuro es incierto, pese a
los intentos.
Dios me libre, el único que
puede,
de que la alegría falte, y no
me revele;
de creer ser un fracasado,
cuando en lo fácil, tontamente
erre. |
Dios me libre, el único que
puede,
de tantas cosas que acometen,
contra este pecho que pelea,
por su
esperanza inocente.
Javier R. Cinacchi
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