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¿Qué daría
por su mirada,
repleta de
amor?
Esa mirada
que recordaría,
durante toda
la vida.
¿Y si se
sumara un suspiro,
que
sigiloso, fugitivo,
y culminando
en suave sonrisa
brotara del
ser, diciendo “te amo”?
¿Qué daría
por tocar al amor,
cuando su
presencia, a cada átomo,
de mi ser lo
vuelve dichoso?
Feliz,
contento, bienaventurado… |
¿Qué
daría por su beso?
Simplemente
me humillo,
pues de lo
más valioso que tengo,
no soy su
dueño.
Javier R. Cinacchi
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