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Miradas de
silencio cesaron,
por las
palabras sinceras,
sin
vergüenza y sin secretos.
Cuando la
ausencia se fue,
alejada
repentina por la llegada,
del
querernos mutuamente.
Un beso
fue la respuesta de otro beso.
Dos bocas
en dialogo,
sin hablar
palabras, solo una respuesta.
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Cuando una
y otra vez se perduraron
los
felices encuentros, con el fuerte deseo,
de que
nunca se pierda entre los dos el amor.
Un anillo
se hizo presente,
en la
aventura del estar juntos,
el símbolo
de amor por siempre.
Javier R. Cinacchi
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