|
Eran dos
poetas, ella y él,
y
discutían por desacuerdos.
¡No podían
ir al oeste y al este
al mismo
tiempo!
Tampoco,
querían ir al opuesto.
Cada uno
era cada uno,
además de
juntos ser lo que son,
dos
personas unidas por amor.
El acuerdo
no llegaba,
pero el
enojo se marchaba
al
instante de olvidar la diferencia.
Hacían
poemas con sus vidas.
|
De vez en
cuando la discusión
emergía
como tormenta
pasajera
que nunca falta,
en un
fértil y prospero campo.
¿Hacia
dónde al final fueron?
Éstos,
nunca se pusieron de acuerdo,
y al oeste
y el este un día olvidaron.
Su amor,
nunca cesó: siempre juntos.
Javier R. Cinacchi
|